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El árbol de la palabra

Dicen que en un país muy lejano, en un precioso valle, existía un pueblo rodeado de bosques que, como todos los pueblos, tenía una plaza. Dicen también que en el centro de la plaza había un árbol enorme que todos conocían como el ÁRBOL DE LA PALABRA.

Cuentan que los niños y las niñas del pueblo, al atravesar cada día la plaza para ir a la escuela, se preguntaban de dónde venía su nombre. Se lo preguntaron a la maestra, pero no pudo contestar porque, cuando ella nació, el árbol ya estaba allí.

Tenían tanta curiosidad que un día la profesora les invitó a que preguntaran a sus padres y madres, a sus abuelos y abuelas y a todas aquellas personas que podrían conocer la procedencia de un nombre tan extraño para un árbol.

Todos los niños y niñas se entusiasmaron con la idea porque ya sabéis que a todos los niños y niñas del mundo les encanta investigar. Imaginaros cuál sería su sorpresa cuando comprobaron que ni los padres, ni las madres, ni los abuelos, ni las abuelas, ni nadie en el pueblo podía sacarles de la duda porque también, cuando ellos nacieron, el árbol estaba allí.

Cuentan que un día, uno de los ancianos del pueblo se sentó bajo el árbol, en busca de alguna señal que les aclarase el misterioso nombre. No la encontró, pero sí comprobó que a su alrededor se habían ido sentando otras personas que ni siquiera se conocían entre sí, ni sabían cómo se llamaban y que hablaban unas con otras, contándose mil cosas.

A partir de entonces, cuando alguna persona necesitaba que alguien le escuchara, acudía al centro de la plaza porque sabía que siempre encontraría bajo el árbol a algún vecino o vecina con quien hablar.

Poco a poco, el tiempo pasó y dejaron de preguntarse por el origen del nombre, porque descubrieron que a la sombra del árbol podían hablar, ser escuchados y compartir todo aquello que les preocupaba.

Cuentan también, que al conocerse la noticia todos los pueblos de los alrededores plantaron un árbol en el centro de sus plazas y que, a partir de entonces, en todo el valle y en cada uno de esos pueblos existe un lugar donde la gente se reúne para DIALOGAR.

Publicado por Isabel Muñoz Martínez e Isabel Gavilán Villarejo en www.aulaintercultural.org.

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8 responses

  1. refrescante relato en medio de una sociedad tan abstracta y envuelta sutilmente en los velos de la tecnologia,

  2. Conmovedor relato, y me llevó a recordar q cuando era niña fui a una escuela, muy humilde por sierto, que tenía un ceibo en el centro del patio y un cantero de cemento que lo rodeaba, alli nos sentabamos con los chicos a charlar y a hacer pajaros con las flores que caían, desarrollando la creatividad. hermoso recuerdo!

  3. Un cuento hermoso que debe ser difundido para que la gente piense en la necesidad de plantar y cuidar árboles.
    Gracias

  4. que bonita historia

  5. texto maravilhoso, até imaginei sentada debaixo dessa arvore. que pena que existam poucas arvores e lugares para dialogar.

  6. El árbol es la vida misma , es nuestro yo, nuestra esencia por eso nos espejamos en el.
    Amo los arboles, como amo la vida, y estar de pie como ellos es uno de sus principios , legado y enseñanza.
    Nacen, crecen, y tienen una vida eterna, trasmutándose como nosotros, hay un cielo de ellos cuyo tronco se une e ilumina junto a Dios, o como queramos llamar a esa energía superior;sus ramas son hilos luminosos que se ramifican y expanden y llegan hasta sus raíces mas profundas.
    El mismo viaje que tenemos nosotros el de elevarnos y llevarnos adentro muy adentro de nosotros mismos y de la Madre Tierra, allí es donde se esconden y habitan los sentimientos y nuestra conciencia…la nuestra y la del mas amigo arbol

  7. es verdad que existen en todas las plazas sobre todo de los pueblos un arbol y que siempre se pueden juntar gente a charlar o bien niños que juegan y charlar entre si,,es mas dificil que se de en las grandes ciudades,,quizas si hay arbol de la palabra pero que a nadie le importa mucho el dialogo-

  8. Nos hace recapacitar esta linda historia del árbol porque siempre han estado ahí, siempre fuertes, a los aires, climas, tormentas, y duran siglos eternos. Por eso debemos de cuidarlos y a enseñar al Mundo que forman parte de nuestra vida.

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